El Aeropuerto Internacional de Viena (VIE) sirve a la capital austriaca, ubicado a unos 18 kilómetros del centro de la ciudad a una altitud de 180 metros sobre el nivel del mar.
El patrón de tráfico del aeropuerto refleja un fuerte carácter internacional, conectando Viena con destinos en toda Europa, la región del Cáucaso y Oriente Medio. Esta mezcla de rutas europeas de corta distancia junto con conexiones de mayor alcance hacia Asia Occidental destaca el papel de Viena como centro de conexión entre Europa Central y regiones vecinas más hacia el este. Los viajeros en tránsito pueden esperar una combinación de vuelos continentales europeos cortos y sectores intercontinentales más sustanciales, que pueden conllevar diferentes exposiciones a turbulencias dependiendo de la duración de la ruta, la altitud de crucero y los patrones climáticos estacionales en el camino.
Dada su altitud moderada de 180 metros, el Aeropuerto Internacional de Viena no presenta las consideraciones de turbulencia provocadas por el terreno que se encuentran en aeropuertos de mayor altitud, aunque los viajeros aún deben esperar la variabilidad habitual asociada con sistemas meteorológicos que se desplazan por Europa Central. Los vuelos hacia Oriente Medio o el Cáucaso pueden cruzar zonas climáticas variadas durante el viaje, mientras que las rutas europeas más cortas tienden a permanecer dentro de patrones meteorológicos regionales más consistentes. Como en cualquier punto de conexión importante, las condiciones durante el descenso y despegue pueden variar según la estación y los sistemas meteorológicos predominantes que afecten la región en el momento del viaje.